El arroz morelense: Un grito de la tierra que nos une
En Jojutla y Puente de Ixtla, el Programa de Incentivos a la Comercialización de Granos Básicos, respaldado por Fidecomp, se consolida como un pilar para el rescate del cultivo emblemático, impulsando la economía local y la soberanía alimentaria.
Más que un Grano, una Identidad que se Siembra en el Sur
En los municipios de Jojutla y Puente de Ixtla, el sol abrasa la tierra y el eco de la tradición se mezcla con el rugido de la maquinaria agrícola. Aquí, el arroz no es solo un cultivo; es un legado, una memoria viva que late en el corazón del sur morelense . En este contexto, el Programa de Incentivos a la Comercialización de Granos Básicos, respaldado con recursos del Fideicomiso de Fomento Económico del Estado de Morelos (Fidecomp), se erige como un salvavidas para las familias productoras que se niegan a dejar morir el «cultivo de oro» .
Lejos de ser una simple ayuda económica, este programa —impulsado por la administración de la gobernadora Margarita González Saravia— busca reconfigurar la cadena productiva del arroz, ofreciendo mejores condiciones de comercialización y garantizando que el esfuerzo de quienes trabajan la tierra se traduzca en bienestar tangible. «Mientras salga agua, seguiremos sembrando», es el grito de guerra de los arroceros que, contra viento y marea, mantienen viva la esperanza de un repunte histórico .
Incentivos que Transforman el Campo
La visita a la región sur, donde se constató el avance del programa, evidencia un cambio de paradigma. No se trata únicamente de sembrar, sino de comercializar con dignidad. El incentivo, canalizado a través de Fidecomp, actúa como un amortiguador ante los altos costos de los insumos y la volatilidad del mercado, permitiendo a los productores planificar sus ciclos agrícolas con mayor certidumbre.
«Es un estímulo que llega en el momento exacto porque estamos empezando a sembrar y es cuando tenemos los mayores gastos», señaló una productora de la región .
Este respaldo se complementa con una estrategia integral del Gobierno del Estado que incluye el «Crédito a la Palabra», la mecanización del campo a través de la adquisición de cosechadoras y drones, y la capacitación en prácticas agroecológicas . Esta visión, que abandona el paternalismo para apostar por la competitividad, es la base de la política pública conocida como La Tierra que Nos Une .
La Batalla por la Soberanía Alimentaria
El contexto, sin embargo, es complejo. La producción de arroz en Morelos ha enfrentado un declive alarmante en los últimos años, cayendo a apenas un 10% de las cifras históricas . La rentabilidad de la caña de azúcar, la falta de rotación de cultivos, la urbanización desmedida y la competencia desleal de granos importados han puesto al sector contra las cuerdas .
Frente a este panorama, el programa de incentivos no es una solución mágica, sino una herramienta de resistencia. Al fortalecer la comercialización directa y ofrecer financiamiento accesible, se busca frenar la migración de cultivos y devolverle al arroz morelense el lugar que merece en la mesa de los mexicanos. La apuesta es por la calidad —respaldada por la Denominación de Origen— como estandarte para competir en el mercado nacional .
Un Futuro que se Construye desde la Raíz
La gira por Jojutla y Puente de Ixtla deja una lección clara: el desarrollo del campo no es posible sin el acompañamiento de quienes lo habitan. El respaldo de Fidecomp a este programa específico demuestra que, cuando hay voluntad política y recursos bien canalizados, es posible revertir tendencias adversas.
El arroz morelense está en una encrucijada, pero no está solo. El esfuerzo colectivo entre gobierno, productores y comercializadores, unido bajo el lema de La Tierra que Nos Une, está escribiendo un nuevo capítulo para el campo morelense. Un capítulo donde el sudor de los agricultores se convierte en oportunidades y donde el grano que alimenta a México vuelve a ser un símbolo de prosperidad regional.

