Morelos suma 283 km rehabilitados en el Circuito Tierra y Libertad
La gobernadora Margarita González Saravia destaca que cada tramo renovado reduce tiempos de traslado, acerca servicios esenciales y fortalece el tejido social en las regiones más apartadas.
Más que asfalto: el Circuito Tierra y Libertad teje la geografía morelense
La imagen de una carretera en mal estado suele resumirse en baches, polvo y pérdida de tiempo. Pero cuando el fresado y la carpeta asfáltica llegan, lo que realmente se transforma es la vida cotidiana de quienes dependen de esa ruta para trabajar, estudiar o recibir atención médica. Esa es la filosofía que impulsa el Circuito Tierra y Libertad, el programa estatal de rehabilitación vial que, al cierre de esta semana, alcanza 283 kilómetros intervenidos en los 36 municipios de Morelos.
La gobernadora Margarita González Saravia encabezó un recorrido de supervisión en el tramo que conecta Tlaltizapán con Tlaquiltenango, donde constató el avance de las obras y dialogó con vecinos, transportistas y comerciantes. «Cada kilómetro rehabilitado no es solo una cinta de concreto; es un puente que acerca oportunidades y rompe el aislamiento de nuestras comunidades», afirmó la mandataria ante un grupo de ejidatarios que celebraron la reducción de hasta 40 minutos en sus trayectos diarios.
Un circuito que cambia la geografía de los servicios
El Circuito Tierra y Libertad no es una suma aleatoria de parches. Se trata de una red troncal diseñada para articular las zonas productivas del sur, oriente y poniente con el centro del estado, donde se concentran los hospitales de especialidad, los mercados mayoristas y los principales polos educativos. Según datos de la Secretaría de Desarrollo Sustentable, el 72% de la producción agropecuaria morelense se moviliza por estas vías, que ahora presentan señalización horizontal renovada, nuevos sistemas de drenaje pluvial y barreras de contención en curvas críticas.
«Antes, los camiones de jitomate y caña se tardaban casi dos horas para llegar a la Central de Abastos de Cuernavaca. Hoy hacen el mismo recorrido en una hora con diez minutos», explica Eduardo Rojas, transportista de la ruta Zacatepec-Jojutla. Su testimonio se repite en cada poblado: los camiones de pasajeros aumentaron su frecuencia, las ambulancias reducen sus tiempos de respuesta y los padres de familia ya no madrugan tanto para llevar a sus hijos a la secundaria.
Más allá de la ingeniería: movilidad con rostro humano
La estrategia incluye un componente social que pocas veces se destaca en los comunicados de obra pública. Durante la planeación del Circuito, se instalaron mesas de diálogo en 18 ejidos para consensuar paraderos seguros, cruces peatonales elevados y pasos de fauna silvestre. En municipios como Tepalcingo y Axochiapan, donde la carretera atraviesa zonas de alta biodiversidad, se construyeron tres túneles inferiores para que coatíes, tlacuaches y reptiles crucen sin riesgo.
«La tierra nos une y nos exige responsabilidad. No podemos pavimentar el progreso sin cuidar el entorno que nos da identidad», subrayó González Saravia durante la entrega de un puente peatonal en la comunidad de Huajintlán. Allí, decenas de estudiantes cruzaban diariamente entre el tránsito de trailers para llegar a su telesecundaria; hoy lo hacen por una estructura iluminada con paneles solares que, además, funciona como mirador del paisaje del río Amacuzac.
Cifras que hablan de eficiencia y futuro
Con una inversión total de 1,200 millones de pesos (provenientes del Fondo de Infraestructura Social Estatal y una coinversión federal), el Circuito Tierra y Libertad ha generado más de 4,500 empleos directos en su fase de construcción. El número de kilómetros rehabilitados representa el 68% de la meta sexenal, y las proyecciones oficiales indican que para diciembre de 2026 se completarán los 416 kilómetros que conforman el anillo carretero completo.
Sin embargo, lo más significativo para los morelenses no es la métrica, sino el cambio de ritmo. En la terminal de autobuses de Cuautla, los viajeros consultan sus teléfonos con una certeza nueva: el trayecto a Cuernavaca ahora dura 50 minutos fijos, sin las odiosas demoras por tramos en reparación. «Eso me permite llegar temprano al trabajo y regresar a cenar con mi familia», comenta Verónica Nava, trabajadora de un hotel en la capital.
Desafíos pendientes y sostenibilidad
A pesar del entusiasmo, especialistas en movilidad señalan que la rehabilitación debe ir acompañada de un plan de mantenimiento preventivo y de educación vial. El director del Instituto Morelense de Infraestructura Carretera, Ricardo Prieto, anunció que ya se implementan programas de capacitación para operadores de maquinaria pesada y que se instalarán 12 básculas portátiles para controlar el peso de los camiones, una de las principales causas del deterioro prematuro del asfalto.
«Lo que hemos logrado es un punto de partida, no una meta. Cada carretera rehabilitada nos exige cuidarla entre todos», insistió la gobernadora al cierre del evento, mientras firmaba un convenio con alcaldes para la creación de comités vecinales de vigilancia vial. La consigna es clara: el Circuito Tierra y Libertad no es una obra de gobierno, es un activo comunitario que late al ritmo de los miles de vehículos que a diario recorren sus curvas y rectas.
El eco de la tierra que nos une
Cuando el sol se pone sobre la sierra de Huautla, los faros de los automóviles dibujan hilos de luz sobre el asfalto nuevo. Esa imagen, antes interrumpida por baches y polvaredas, hoy es una postal de continuidad. Los 283 kilómetros rehabilitados son la evidencia física de que la conectividad no es un lujo, sino un derecho que acerca escuelas, hospitales y mercados. Pero también son la prueba de que, en Morelos, cada tramo de carretera cuenta una historia de encuentros: el camión que llega a tiempo, la ambulancia que salva una vida, el niño que cruza sin miedo.
Esa es, quizá, la mayor obra del Circuito Tierra y Libertad: devolverle a la movilidad su sentido humano. Porque al final, como repiten los pobladores de Tlaquiltenango, «no son kilómetros de asfalto, son kilómetros de dignidad». Y esa dignidad, hoy, recorre el estado con la certeza de que la tierra, efectivamente, nos une.

