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Morelos alza su voz: nace el Sistema Estatal de Cultura

Gobierno, creadores y municipios tejen una red inédita para democratizar el arte, rescatar el patrimonio y llevar identidad a cada rincón del estado.

Un pacto colectivo por la cultura morelense

En un acto que convoca a la historia y al futuro, el gobierno estatal dio un paso trascendental para la vida artística y comunitaria de Morelos. Este lunes, desde la capital, se instaló formalmente el Sistema Estatal de Cultura, una plataforma institucional que no solo organiza esfuerzos, sino que pone en el centro del debate público a la creación, la memoria y el derecho al acceso estético en todas sus formas.

La gobernadora Margarita González Saravia encabezó la ceremonia, flanqueada por representantes de los 36 municipios, líderes de colectivos indígenas, gestores independientes y funcionarios del ramo. “Hoy no inauguramos una oficina más —dijo ante un auditorio lleno de rostros conocidos del arte local—. Hoy abrimos un puente para que la voz de quienes construyen cultura desde el barrio, la milpa o el taller llegue a las decisiones que nos definen como pueblo”.

De la dispersión al diálogo horizontal

El nuevo sistema no es un ente burocrático, sino un mecanismo asambleario que funcionará con mesas regionales, cabildos abiertos y consejos consultivos. Su objetivo: romper el aislamiento que durante décadas fragmentó a los creadores morelenses y generar una política pública con alma de territorio.

Por primera vez, un presupuesto participativo permitirá que las propias comunidades prioricen proyectos de restauración de templos, talleres de oficios tradicionales, festivales de danza prehispánica o residencias artísticas en zonas marginadas. “No se trata de imponer programas desde el escritorio —explicó la secretaria de Cultura estatal—, sino de escuchar lo que cada pueblo necesita para mantener viva su llama creativa”.

Patrimonio bajo el lente comunitario

Uno de los ejes más aplaudidos fue el anuncio de un censo participativo de bienes culturales inmateriales. Morelos alberga más de 200 festividades indígenas, 15 lenguas originarias en riesgo y un acervo de técnicas textiles, alfareras y gastronómicas que pocas veces han sido sistematizadas desde la óptica de sus propios guardianes.

Con el nuevo sistema, se activarán brigadas de memoria que recorrerán las localidades más recónditas para documentar saberes, recetas, rezos y danzas que no están en museos, sino en la piel de los abuelos. “El patrimonio no es piedra o papel —enfatizó una artesana de Tlayacapan—. Es lo que hacemos con nuestras manos y lo que cantamos al atardecer”.

Acceso y descentralización: la cultura llega a todas las regiones

La apuesta es ambiciosa: llevar actividades culturales estables a los 36 municipios, incluyendo aquellos que jamás han tenido una cartelera profesional. Se crearán nueve centros culturales móviles —autobuses adaptados con bibliotecas, equipos de sonido y pantallas— que circularán semanalmente por rutas trazadas con base en los índices de marginación.

Además, se lanzará una plataforma digital abierta donde cualquier gestor podrá postular iniciativas, recibir asesoría legal y contable, y acceder a fondos concursables con criterios claros y públicos. “La cultura no puede ser un lujo de unos cuantos —insistió González Saravia—. Debe ser el hilo que teja el presente y el porvenir de nuestra tierra”.

La voz de los hacedores

Durante la instalación, varios representantes de colectivos tomaron la palabra para señalar que este sistema representa una oportunidad histórica, pero también un desafío de transparencia y eficacia. “Hemos visto promesas que se diluyen —advirtió un promotor cultural de Cuautla—. Aquí lo que pedimos es constancia y presupuesto etiquetado que llegue sin intermediarios”.

La mandataria estatal respondió con un compromiso fechado: en 90 días se presentará el primer plan operativo anual, con metas medibles y rendición de cuentas trimestral. “No venimos a decorar el discurso —sentenció—. Venimos a construir un sistema que perdure más allá de cualquier gobierno, porque la cultura es la sangre de Morelos”.

Más que políticas, un movimiento

El Sistema Estatal de Cultura no es un fin, sino un comienzo. Sus impulsores lo conciben como un organismo vivo, capaz de adaptarse a las emergencias sociales, a los cambios generacionales y a las nuevas expresiones artísticas que nacen en los márgenes. Desde el grafiti en los muros de Jojutla hasta el teatro comunitario en Hueyapan, todo tendrá cabida.

“No hay desarrollo sin identidad, ni identidad sin participación”, resumió un joven músico de origen nahua al final del evento. Afuera, el sol de Morelos caía sobre una plaza llena de niños, ancianos y jóvenes que, por un instante, sintieron que su herencia y su futuro estaban siendo tomados en serio.

La cultura, al fin, deja de ser un adorno para convertirse en el eje de un estado que late con orgullo.

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