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Hantavirus: identifican al posible “paciente cero”

La muerte de un ornitólogo neerlandés en un crucero reaviva la alerta sanitaria por el brote de hantavirus en Sudamérica y pone bajo foco a la Patagonia argentina.

El más reciente brote de hantavirus en Sudamérica ha tomado un giro relevante luego de que autoridades sanitarias y medios internacionales identificaran al posible “paciente cero” de la cadena reciente de contagios. Se trata de Leo Schilperoord, un ornitólogo neerlandés de 70 años apasionado por la observación de aves, quien falleció tras presentar síntomas severos mientras realizaba una expedición científica y turística por el extremo sur del continente.

La información fue difundida este sábado por el diario estadounidense New York Post, medio que reconstruyó los últimos días de Schilperoord y de su esposa Mirjam, de 69 años, quienes emprendieron un viaje de cinco meses por Sudamérica motivados por su afición a la naturaleza y la observación de especies exóticas.

Un viaje de exploración terminó en tragedia

Originarios de un pequeño poblado de los Países Bajos, Leo y Mirjam recorrieron Argentina, Chile y Uruguay desde noviembre del año pasado. Su travesía incluía visitas a reservas naturales, zonas rurales y regiones conocidas por albergar especies poco comunes de aves.

El 27 de marzo, la pareja llegó a un vertedero ubicado en las afueras de Ushuaia, en la provincia argentina de Tierra del Fuego. El lugar era frecuentado por observadores de aves debido a la presencia del caracara de garganta blanca, también conocido como caracara de Darwin, una especie sumamente codiciada entre fotógrafos y ornitólogos de distintas partes del mundo.

Investigadores consideran que fue en ese punto donde ambos pudieron quedar expuestos al hantavirus, probablemente tras inhalar partículas contaminadas con excremento de ratones arroceros pigmeos de cola larga, roedores identificados como portadores de la cepa Andes del virus.

El contagio habría ocurrido antes del crucero

Cuatro días después de visitar la zona cercana a Ushuaia, los Schilperoord abordaron el crucero MV Hondius junto con otras 112 personas. Muchos de los pasajeros compartían el interés por la observación de fauna silvestre y participaban en expediciones de naturaleza por el extremo austral.

Sin embargo, durante el trayecto comenzaron a aparecer los primeros síntomas.

El 6 de abril, Leo Schilperoord presentó fiebre intensa, dolores abdominales, cefaleas y diarrea. Su estado de salud se deterioró rápidamente y murió cinco días después mientras aún se encontraba a bordo de la embarcación.

Semanas más tarde, su esposa Mirjam también perdió la vida mientras se encontraba en un aeropuerto durante el viaje de regreso hacia Europa.

La cepa Andes, una de las más peligrosas

Especialistas señalan que la cepa Andes del hantavirus es considerada una de las variantes más agresivas registradas en América del Sur. A diferencia de otros tipos del virus, esta cepa ha mostrado capacidad de transmisión entre personas en determinadas circunstancias, elevando el nivel de alerta epidemiológica.

El hantavirus suele propagarse principalmente mediante el contacto con orina, saliva o heces de roedores infectados. La inhalación de partículas microscópicas contaminadas es una de las formas más comunes de contagio.

Los síntomas iniciales pueden confundirse con una gripe severa: fiebre, dolores musculares, fatiga, náuseas y problemas gastrointestinales. Sin tratamiento oportuno, la enfermedad puede evolucionar hacia complicaciones respiratorias críticas y provocar la muerte.

El origen del brote aún genera dudas

Aunque el caso de los Schilperoord ha sido señalado como uno de los primeros detectados dentro de esta cadena de contagios, diversos medios internacionales sostienen que el brote probablemente comenzó mucho más al norte de la Patagonia argentina.

Reportes recientes apuntan a una región ubicada a aproximadamente 2.400 kilómetros del área donde la pareja realizó parte de su recorrido turístico. En esa zona ya se han contabilizado 101 casos confirmados de hantavirus durante los últimos meses, además de al menos 32 fallecimientos asociados a la enfermedad.

Las autoridades sanitarias continúan investigando la ruta exacta del contagio y mantienen vigilancia epidemiológica en regiones rurales y turísticas donde existe presencia de roedores silvestres.

Turismo de naturaleza bajo vigilancia sanitaria

El caso ha encendido nuevamente las alertas sobre los riesgos sanitarios vinculados al turismo ecológico y de aventura en áreas naturales remotas. Expertos recomiendan evitar el contacto con zonas contaminadas por roedores, utilizar mascarillas en espacios cerrados o abandonados y mantener estrictas medidas de higiene durante expediciones al aire libre.

Mientras continúan las investigaciones, la historia de Leo y Mirjam Schilperoord se ha convertido en un símbolo de cómo una travesía dedicada a la observación de la naturaleza terminó marcada por una de las enfermedades virales más letales de la región.

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